SIN IMPACTO
LA CARNE FRENÓ LOS AUMENTOS EN ABRIL, PERO EL CONSUMO SIGUE EN CAÍDA
10 de mayo de 2026 09:31
Después de meses marcados por fuertes aumentos, el precio de la carne vacuna mostró una pausa en abril y no registró nuevas subas significativas en los principales cortes. El freno llega en un escenario atravesado por la caída del consumo, salarios deteriorados y familias que ajustan cada vez más sus gastos en alimentos.
Aunque la estabilidad representa un alivio parcial para el bolsillo, el impacto acumulado de los incrementos anteriores mantiene a la carne entre los productos más caros de la mesa argentina. En muchos comercios, tanto supermercados como carnicerías barriales, ya se percibe un cambio profundo en la forma de comprar.
Las ventas vienen mostrando señales de retracción desde hace varios meses. Frente a precios que quedaron muy por encima del poder adquisitivo promedio, una parte importante de los consumidores empezó a reducir cantidades, espaciar compras o directamente reemplazar la carne vacuna por otras alternativas más económicas.
En paralelo, algunos cortes tradicionales dejaron de ser una opción habitual para muchos hogares. En su lugar, creció la demanda de cortes de segunda línea, menudencias y promociones puntuales. También se consolidó una tendencia que ya venía ganando terreno: el avance del pollo y el cerdo como sustitutos en la dieta diaria.
La pausa de abril aparece, en este contexto, más vinculada a la imposibilidad del mercado de absorber nuevos aumentos que a una baja estructural de costos. El sector frigorífico y comercial enfrenta una situación delicada: necesita sostener valores que permitan cubrir gastos operativos, pero al mismo tiempo se encuentra con un consumo debilitado que no convalida nuevas remarcaciones.
La carne vacuna sigue siendo además uno de los alimentos más sensibles para medir el humor económico. Su peso cultural y su incidencia en la canasta básica hacen que cualquier variación de precio tenga impacto directo en la percepción de inflación de millones de familias.
En distintos puntos del país, comerciantes reconocen que el comportamiento del consumidor cambió de manera notoria. Hoy predominan compras más pequeñas, mayor búsqueda de ofertas y consultas permanentes por precios antes de definir qué llevar. En algunos casos, incluso, se priorizan productos procesados o congelados por encima de cortes frescos tradicionales.
A pesar de la estabilidad reciente, el acumulado de los últimos meses sigue siendo alto. Los incrementos consecutivos de principios de año dejaron valores que todavía resultan difíciles de afrontar para una gran parte de los hogares, especialmente en sectores de ingresos medios y bajos.
Especialistas del mercado alimenticio advierten que los próximos meses serán claves para determinar si abril marcó realmente un punto de inflexión o apenas una pausa temporal dentro de una tendencia todavía inestable. La evolución de la demanda interna, la oferta ganadera y el ritmo de las exportaciones serán factores determinantes.
Otro aspecto que sigue de cerca el sector es el comportamiento de los costos vinculados a la producción y comercialización, desde el alimento para hacienda hasta el transporte y la logística. Cualquier variación en esos rubros podría volver a presionar sobre los precios finales.
Por ahora, la sensación predominante entre consumidores y comerciantes es de cautela. El mostrador dejó de ser un espacio de compra automática y pasó a convertirse en un terreno de comparación permanente, donde cada peso influye en la decisión final.
Aunque la estabilidad representa un alivio parcial para el bolsillo, el impacto acumulado de los incrementos anteriores mantiene a la carne entre los productos más caros de la mesa argentina. En muchos comercios, tanto supermercados como carnicerías barriales, ya se percibe un cambio profundo en la forma de comprar.
Las ventas vienen mostrando señales de retracción desde hace varios meses. Frente a precios que quedaron muy por encima del poder adquisitivo promedio, una parte importante de los consumidores empezó a reducir cantidades, espaciar compras o directamente reemplazar la carne vacuna por otras alternativas más económicas.
En paralelo, algunos cortes tradicionales dejaron de ser una opción habitual para muchos hogares. En su lugar, creció la demanda de cortes de segunda línea, menudencias y promociones puntuales. También se consolidó una tendencia que ya venía ganando terreno: el avance del pollo y el cerdo como sustitutos en la dieta diaria.
La pausa de abril aparece, en este contexto, más vinculada a la imposibilidad del mercado de absorber nuevos aumentos que a una baja estructural de costos. El sector frigorífico y comercial enfrenta una situación delicada: necesita sostener valores que permitan cubrir gastos operativos, pero al mismo tiempo se encuentra con un consumo debilitado que no convalida nuevas remarcaciones.
La carne vacuna sigue siendo además uno de los alimentos más sensibles para medir el humor económico. Su peso cultural y su incidencia en la canasta básica hacen que cualquier variación de precio tenga impacto directo en la percepción de inflación de millones de familias.
En distintos puntos del país, comerciantes reconocen que el comportamiento del consumidor cambió de manera notoria. Hoy predominan compras más pequeñas, mayor búsqueda de ofertas y consultas permanentes por precios antes de definir qué llevar. En algunos casos, incluso, se priorizan productos procesados o congelados por encima de cortes frescos tradicionales.
A pesar de la estabilidad reciente, el acumulado de los últimos meses sigue siendo alto. Los incrementos consecutivos de principios de año dejaron valores que todavía resultan difíciles de afrontar para una gran parte de los hogares, especialmente en sectores de ingresos medios y bajos.
Especialistas del mercado alimenticio advierten que los próximos meses serán claves para determinar si abril marcó realmente un punto de inflexión o apenas una pausa temporal dentro de una tendencia todavía inestable. La evolución de la demanda interna, la oferta ganadera y el ritmo de las exportaciones serán factores determinantes.
Otro aspecto que sigue de cerca el sector es el comportamiento de los costos vinculados a la producción y comercialización, desde el alimento para hacienda hasta el transporte y la logística. Cualquier variación en esos rubros podría volver a presionar sobre los precios finales.
Por ahora, la sensación predominante entre consumidores y comerciantes es de cautela. El mostrador dejó de ser un espacio de compra automática y pasó a convertirse en un terreno de comparación permanente, donde cada peso influye en la decisión final.
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