TENSIÓN
EE.UU. E ISRAEL ATACARON IRÁN Y SE DISPARA LA TENSIÓN EN MEDIO ORIENTE
28 de febrero de 2026 20:31
Estados Unidos e Israel lanzaron el sábado una ofensiva de gran escala contra objetivos en Irán, incluidos puntos sensibles en Teherán. El presidente Donald Trump confirmó que estaban en marcha “importantes operaciones de combate” y llamó a la población iraní a rebelarse contra el régimen. La respuesta de Teherán fue inmediata: ataques con misiles y drones contra territorio israelí y contra instalaciones militares de Estados Unidos en el Golfo.
La escalada abrió un nuevo capítulo en la confrontación entre Washington y la República Islámica, con cierres de espacio aéreo en varios países y temores de una expansión regional del conflicto.
Dónde impactaron los ataques
Las primeras explosiones se registraron en el centro de Teherán y en zonas cercanas al complejo donde residía el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei. Autoridades iraníes cerraron el perímetro mientras medios locales reportaban bombardeos contra instalaciones militares, centros de inteligencia y edificios vinculados al poder estatal.
Según la Media Luna Roja iraní, más de 20 de las 31 provincias del país resultaron afectadas por la ofensiva. También se informaron daños en infraestructura civil, entre ellos una escuela en la provincia de Hormozgán, al sur del país.
Fuentes de seguridad israelíes indicaron que uno de los objetivos centrales de la primera oleada fue alcanzar a líderes del régimen y desarticular estructuras de mando. La operación, según esas versiones, podría extenderse durante varios días.
La respuesta iraní
Horas después de los bombardeos, la Guardia Revolucionaria anunció represalias. Misiles y drones fueron lanzados contra objetivos en Israel y contra instalaciones militares estadounidenses en la región.
Entre los blancos mencionados se encuentran el cuartel general de la Quinta Flota en Bahréin, la base aérea Al Udeid en Qatar, la base Al Dhafra en Emiratos Árabes Unidos y la base Ali Al Salem en Kuwait. Se reportaron explosiones en Manama, Doha y Abu Dabi, con sistemas de defensa aérea activados e intercepciones en vuelo.
Varios países del Golfo cerraron su espacio aéreo como medida preventiva ante el riesgo de nuevos ataques.
El mensaje de Trump
Desde la Casa Blanca, Trump justificó la ofensiva al sostener que Irán había rechazado oportunidades para abandonar sus ambiciones nucleares. En un video difundido en redes sociales, instó directamente a la población a “tomar el control de su gobierno” una vez concluidas las operaciones.
El mandatario advirtió que podría haber bajas estadounidenses y señaló que el objetivo es impedir que Irán avance en su programa nuclear y en su capacidad de proyección regional.
Es la segunda vez en menos de un año que Estados Unidos ataca territorio iraní. En junio pasado bombardeó tres instalaciones nucleares en Fordow, Natanz e Isfahán. Esta vez, funcionarios estadounidenses anticiparon una operación más amplia y prolongada.
Despliegue militar en la región
En paralelo, Washington concretó uno de los mayores despliegues militares en Medio Oriente desde 2003. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue enviado con su grupo de ataque, se reforzó la presencia de destructores en el Golfo y el Mediterráneo y se movilizaron cazas hacia bases en Jordania.
En las últimas horas también arribó el USS Gerald R. Ford al puerto israelí de Haifa, en el marco del refuerzo estratégico.
El movimiento incluyó evacuaciones parciales de personal diplomático estadounidense en Israel y alertas de seguridad en Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Un escenario interno en transición
La ofensiva se produce en un contexto político delicado dentro de Irán. El sistema institucional del país se estructura en torno al líder supremo, figura con control directo sobre las Fuerzas Armadas, el poder judicial y el Consejo de Guardianes.
La muerte de Ali Khamenei dejó vacante el centro del esquema político-religioso que rige desde la Revolución Islámica de 1979 y abrió un proceso de transición inédito. Aunque el presidente administra el gobierno, el equilibrio entre la estructura republicana y la autoridad teocrática depende de definiciones que aún están en desarrollo.
En los últimos meses, Irán atravesó protestas masivas, represión interna y negociaciones diplomáticas con Estados Unidos que no lograron consolidar un acuerdo sobre el programa nuclear.
Cronología reciente
La escalada actual se inscribe en una secuencia de hechos que comenzó tras la asunción de Trump en enero, cuando retomó la presión sobre Teherán para limitar su programa nuclear.
El 13 de junio, Israel inició una ofensiva sorpresa contra instalaciones militares y nucleares iraníes, lo que derivó en una guerra de 12 días con intercambio de misiles y drones.
El 22 de junio, Estados Unidos se sumó directamente al conflicto con bombardeos a sitios de enriquecimiento nuclear. Luego se anunció un cese del fuego bajo presión diplomática.
En febrero, tras nuevas rondas de negociaciones sin acuerdo en Omán y Ginebra, Washington reforzó su despliegue militar y evaluó públicamente la posibilidad de un ataque limitado. La ofensiva del sábado marca un salto cualitativo en esa estrategia.
Con múltiples actores involucrados, intereses cruzados y alianzas regionales en juego, el conflicto entra ahora en una fase de alta incertidumbre, con impacto directo en la seguridad del Golfo Pérsico y en los mercados energéticos globales.
La escalada abrió un nuevo capítulo en la confrontación entre Washington y la República Islámica, con cierres de espacio aéreo en varios países y temores de una expansión regional del conflicto.
Dónde impactaron los ataques
Las primeras explosiones se registraron en el centro de Teherán y en zonas cercanas al complejo donde residía el líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei. Autoridades iraníes cerraron el perímetro mientras medios locales reportaban bombardeos contra instalaciones militares, centros de inteligencia y edificios vinculados al poder estatal.
Según la Media Luna Roja iraní, más de 20 de las 31 provincias del país resultaron afectadas por la ofensiva. También se informaron daños en infraestructura civil, entre ellos una escuela en la provincia de Hormozgán, al sur del país.
Fuentes de seguridad israelíes indicaron que uno de los objetivos centrales de la primera oleada fue alcanzar a líderes del régimen y desarticular estructuras de mando. La operación, según esas versiones, podría extenderse durante varios días.
La respuesta iraní
Horas después de los bombardeos, la Guardia Revolucionaria anunció represalias. Misiles y drones fueron lanzados contra objetivos en Israel y contra instalaciones militares estadounidenses en la región.
Entre los blancos mencionados se encuentran el cuartel general de la Quinta Flota en Bahréin, la base aérea Al Udeid en Qatar, la base Al Dhafra en Emiratos Árabes Unidos y la base Ali Al Salem en Kuwait. Se reportaron explosiones en Manama, Doha y Abu Dabi, con sistemas de defensa aérea activados e intercepciones en vuelo.
Varios países del Golfo cerraron su espacio aéreo como medida preventiva ante el riesgo de nuevos ataques.
El mensaje de Trump
Desde la Casa Blanca, Trump justificó la ofensiva al sostener que Irán había rechazado oportunidades para abandonar sus ambiciones nucleares. En un video difundido en redes sociales, instó directamente a la población a “tomar el control de su gobierno” una vez concluidas las operaciones.
El mandatario advirtió que podría haber bajas estadounidenses y señaló que el objetivo es impedir que Irán avance en su programa nuclear y en su capacidad de proyección regional.
Es la segunda vez en menos de un año que Estados Unidos ataca territorio iraní. En junio pasado bombardeó tres instalaciones nucleares en Fordow, Natanz e Isfahán. Esta vez, funcionarios estadounidenses anticiparon una operación más amplia y prolongada.
Despliegue militar en la región
En paralelo, Washington concretó uno de los mayores despliegues militares en Medio Oriente desde 2003. El portaaviones USS Abraham Lincoln fue enviado con su grupo de ataque, se reforzó la presencia de destructores en el Golfo y el Mediterráneo y se movilizaron cazas hacia bases en Jordania.
En las últimas horas también arribó el USS Gerald R. Ford al puerto israelí de Haifa, en el marco del refuerzo estratégico.
El movimiento incluyó evacuaciones parciales de personal diplomático estadounidense en Israel y alertas de seguridad en Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Un escenario interno en transición
La ofensiva se produce en un contexto político delicado dentro de Irán. El sistema institucional del país se estructura en torno al líder supremo, figura con control directo sobre las Fuerzas Armadas, el poder judicial y el Consejo de Guardianes.
La muerte de Ali Khamenei dejó vacante el centro del esquema político-religioso que rige desde la Revolución Islámica de 1979 y abrió un proceso de transición inédito. Aunque el presidente administra el gobierno, el equilibrio entre la estructura republicana y la autoridad teocrática depende de definiciones que aún están en desarrollo.
En los últimos meses, Irán atravesó protestas masivas, represión interna y negociaciones diplomáticas con Estados Unidos que no lograron consolidar un acuerdo sobre el programa nuclear.
Cronología reciente
La escalada actual se inscribe en una secuencia de hechos que comenzó tras la asunción de Trump en enero, cuando retomó la presión sobre Teherán para limitar su programa nuclear.
El 13 de junio, Israel inició una ofensiva sorpresa contra instalaciones militares y nucleares iraníes, lo que derivó en una guerra de 12 días con intercambio de misiles y drones.
El 22 de junio, Estados Unidos se sumó directamente al conflicto con bombardeos a sitios de enriquecimiento nuclear. Luego se anunció un cese del fuego bajo presión diplomática.
En febrero, tras nuevas rondas de negociaciones sin acuerdo en Omán y Ginebra, Washington reforzó su despliegue militar y evaluó públicamente la posibilidad de un ataque limitado. La ofensiva del sábado marca un salto cualitativo en esa estrategia.
Con múltiples actores involucrados, intereses cruzados y alianzas regionales en juego, el conflicto entra ahora en una fase de alta incertidumbre, con impacto directo en la seguridad del Golfo Pérsico y en los mercados energéticos globales.
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