NOCIVO
SALUD MENTAL: CRECE LA PREOCUPACIÓN POR EL IMPACTO DE LA VIDA DIGITAL EN LOS CHICOS
13 de julio de 2026 12:13
Durante años el debate estuvo centrado en cuántas horas pasaban los chicos frente al celular. Hoy la preocupación va mucho más allá del tiempo de uso. Psicólogos y especialistas en salud mental advierten que el verdadero desafío pasa por cómo la tecnología está modificando los vínculos, la comunicación y los hábitos cotidianos de niños y adolescentes.
La preocupación quedó respaldada por nuevos datos. El informe "Kids Online Argentina 2025", elaborado por UNICEF y UNESCO, reveló que el 46% de los chicos de entre 9 y 17 años experimentó algún inconveniente relacionado con internet, los teléfonos celulares o los videojuegos. La cifra refleja una realidad que atraviesa a miles de familias y que obliga a repensar el vínculo con las pantallas desde edades cada vez más tempranas.
El estudio muestra que la conectividad forma parte de la vida diaria de los adolescentes, pero también deja en evidencia que el uso de la tecnología puede convertirse en un problema cuando comienza a interferir con aspectos fundamentales del desarrollo personal, escolar y social.
En ese contexto, el licenciado en Psicología Alexis Alderete, especialista en trastornos de ansiedad y entrenamiento en habilidades, explicó que uno de los cambios más notorios aparece en la forma en que los jóvenes se relacionan con los demás.
Según señaló, actualmente es frecuente encontrar adolescentes con dificultades para sostener una conversación cara a cara, mantener contacto visual o prestar atención durante una interacción presencial. Para el profesional, estas habilidades sociales se ven afectadas cuando gran parte de la comunicación ocurre exclusivamente a través de dispositivos digitales.
El especialista aclaró que el uso de redes sociales o videojuegos no representa un problema por sí mismo. La situación comienza a preocupar cuando el consumo interfiere con la vida cotidiana, afecta el rendimiento escolar, deteriora las relaciones familiares o reemplaza actividades recreativas, deportivas y sociales.
Frente a este escenario, Alderete sostuvo que retirar el celular de manera repentina no suele ofrecer buenos resultados. Por el contrario, considera que el acompañamiento de los adultos debe enfocarse en establecer límites claros, horarios definidos y promover un uso responsable de la tecnología, favoreciendo también espacios de encuentro sin dispositivos.
Las señales de alerta pueden manifestarse de diferentes maneras. Entre ellas aparecen cambios bruscos de conducta, alteraciones del sueño, problemas de alimentación, dificultades para asistir al colegio, aislamiento social, abandono de actividades que antes generaban interés y síntomas físicos como taquicardia, ansiedad o ataques de pánico.
Para el psicólogo, cualquier modificación importante en los hábitos cotidianos merece la atención de la familia. Detectar estos cambios de manera temprana puede facilitar una intervención oportuna y evitar que el problema se profundice.
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es el funcionamiento de las redes sociales como espacios donde muchas personas actúan bajo el anonimato. Esa característica, explican, facilita la aparición de discursos agresivos, situaciones de hostigamiento y diferentes formas de violencia digital que pueden afectar seriamente la salud emocional de quienes las padecen.
El fenómeno no se limita únicamente al uso individual de los dispositivos. También plantea nuevos desafíos para las instituciones educativas, los equipos de salud y las familias, que deben aprender a acompañar a niños y adolescentes en un entorno digital cada vez más complejo.
Las proyecciones internacionales sobre salud mental también alimentan la preocupación. Diversos estudios anticipan que hacia 2030 los trastornos vinculados a la salud mental ocuparán un lugar cada vez más importante entre las principales causas de enfermedad, en un contexto donde la hiperconectividad crece de manera sostenida y los vínculos personales presenciales pierden espacio.
Los especialistas coinciden en que la tecnología seguirá siendo parte de la vida cotidiana y que el objetivo no pasa por eliminarla, sino por aprender a utilizarla de forma saludable. Promover momentos sin pantallas, fortalecer la comunicación familiar, incentivar actividades deportivas, culturales y sociales, y estar atentos a los cambios de comportamiento aparecen como algunas de las principales herramientas para prevenir situaciones de riesgo.
Mientras el acceso a internet continúa expandiéndose entre los más jóvenes, los nuevos estudios refuerzan la necesidad de encontrar un equilibrio entre los beneficios que ofrece el mundo digital y el cuidado de la salud mental de las nuevas generaciones.
La preocupación quedó respaldada por nuevos datos. El informe "Kids Online Argentina 2025", elaborado por UNICEF y UNESCO, reveló que el 46% de los chicos de entre 9 y 17 años experimentó algún inconveniente relacionado con internet, los teléfonos celulares o los videojuegos. La cifra refleja una realidad que atraviesa a miles de familias y que obliga a repensar el vínculo con las pantallas desde edades cada vez más tempranas.
El estudio muestra que la conectividad forma parte de la vida diaria de los adolescentes, pero también deja en evidencia que el uso de la tecnología puede convertirse en un problema cuando comienza a interferir con aspectos fundamentales del desarrollo personal, escolar y social.
En ese contexto, el licenciado en Psicología Alexis Alderete, especialista en trastornos de ansiedad y entrenamiento en habilidades, explicó que uno de los cambios más notorios aparece en la forma en que los jóvenes se relacionan con los demás.
Según señaló, actualmente es frecuente encontrar adolescentes con dificultades para sostener una conversación cara a cara, mantener contacto visual o prestar atención durante una interacción presencial. Para el profesional, estas habilidades sociales se ven afectadas cuando gran parte de la comunicación ocurre exclusivamente a través de dispositivos digitales.
El especialista aclaró que el uso de redes sociales o videojuegos no representa un problema por sí mismo. La situación comienza a preocupar cuando el consumo interfiere con la vida cotidiana, afecta el rendimiento escolar, deteriora las relaciones familiares o reemplaza actividades recreativas, deportivas y sociales.
Frente a este escenario, Alderete sostuvo que retirar el celular de manera repentina no suele ofrecer buenos resultados. Por el contrario, considera que el acompañamiento de los adultos debe enfocarse en establecer límites claros, horarios definidos y promover un uso responsable de la tecnología, favoreciendo también espacios de encuentro sin dispositivos.
Las señales de alerta pueden manifestarse de diferentes maneras. Entre ellas aparecen cambios bruscos de conducta, alteraciones del sueño, problemas de alimentación, dificultades para asistir al colegio, aislamiento social, abandono de actividades que antes generaban interés y síntomas físicos como taquicardia, ansiedad o ataques de pánico.
Para el psicólogo, cualquier modificación importante en los hábitos cotidianos merece la atención de la familia. Detectar estos cambios de manera temprana puede facilitar una intervención oportuna y evitar que el problema se profundice.
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es el funcionamiento de las redes sociales como espacios donde muchas personas actúan bajo el anonimato. Esa característica, explican, facilita la aparición de discursos agresivos, situaciones de hostigamiento y diferentes formas de violencia digital que pueden afectar seriamente la salud emocional de quienes las padecen.
El fenómeno no se limita únicamente al uso individual de los dispositivos. También plantea nuevos desafíos para las instituciones educativas, los equipos de salud y las familias, que deben aprender a acompañar a niños y adolescentes en un entorno digital cada vez más complejo.
Las proyecciones internacionales sobre salud mental también alimentan la preocupación. Diversos estudios anticipan que hacia 2030 los trastornos vinculados a la salud mental ocuparán un lugar cada vez más importante entre las principales causas de enfermedad, en un contexto donde la hiperconectividad crece de manera sostenida y los vínculos personales presenciales pierden espacio.
Los especialistas coinciden en que la tecnología seguirá siendo parte de la vida cotidiana y que el objetivo no pasa por eliminarla, sino por aprender a utilizarla de forma saludable. Promover momentos sin pantallas, fortalecer la comunicación familiar, incentivar actividades deportivas, culturales y sociales, y estar atentos a los cambios de comportamiento aparecen como algunas de las principales herramientas para prevenir situaciones de riesgo.
Mientras el acceso a internet continúa expandiéndose entre los más jóvenes, los nuevos estudios refuerzan la necesidad de encontrar un equilibrio entre los beneficios que ofrece el mundo digital y el cuidado de la salud mental de las nuevas generaciones.
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