NARCOTRÁFICO
LOS ERRORES QUE HUNDIERON A LOS HERMANOS BORRAS EN LA CAUSA NARCO
16 de mayo de 2026 09:45
Hasta hace pocas semanas, los nombres de Santiago Emmanuel Borras y Juan Cruz Borras apenas eran conocidos fuera de Roldán. Uno cumplía prisión domiciliaria por una vieja causa vinculada a drogas. El otro llevaba una vida aparentemente ligada a actividades laborales en la región. Pero detrás de esa fachada, según la Justicia Federal, ambos formaban parte de una organización que coordinaba el ingreso de cocaína desde Bolivia mediante vuelos clandestinos que aterrizaban en campos santafesinos.
La caída de la banda comenzó a construirse mucho antes del operativo que terminó con 321 kilos de cocaína secuestrados en Villa Eloísa. Y lo que terminó derrumbando el esquema no fue una gran infiltración ni un operativo cinematográfico: fue una sucesión de errores.
El primero ocurrió en noviembre de 2025.
Ese día, una avioneta Cessna apareció abandonada y dañada en una zona rural de Arequito. Cerca del lugar quedaron 62 kilos de cocaína, una pistola Glock y un celular que el piloto olvidó dentro de la aeronave en medio de la fuga.
Ese teléfono se convirtió en el punto de partida de toda la investigación.
Los fiscales federales Matías Scilabra, Santiago Iglesias y Santiago Alberdi lograron reconstruir comunicaciones, movimientos y recorridos que terminaron conectando a los hermanos Borras con la logística de los vuelos.
A partir de allí, comenzaron meses de seguimientos silenciosos, análisis de cámaras, rastreo de vehículos y geolocalizaciones telefónicas.
Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores fue Santiago Borras. El hombre debía permanecer en su vivienda de Roldán cumpliendo prisión domiciliaria por una condena previa relacionada con el transporte de marihuana. Sin embargo, los registros de su teléfono mostraban algo completamente distinto: viajes frecuentes a zonas rurales y movimientos compatibles con tareas de coordinación en pistas clandestinas.
La causa avanzó rápidamente cuando las cámaras de Arequito detectaron camionetas vinculadas al operativo narco. En una Ford F100 podían verse bultos tapados parcialmente con media sombra y bidones de combustible destinados al avión.
Ese vehículo estaba relacionado con Juan Cruz Borras.
Los investigadores sospechan que la organización utilizaba campos alejados y caminos rurales para montar aterrizajes rápidos, descargar la cocaína y desaparecer en minutos antes de que pudieran ser detectados.
Pero el desembarco en Villa Eloísa salió mal.
El 12 de mayo, una brigada reducida de Gendarmería seguía de cerca a los sospechosos gracias a un dispositivo GPS instalado previamente en una de las camionetas utilizadas por la banda. El rastreo permitió anticipar movimientos, detectar recorridos previos y confirmar que los sospechosos habían visitado el lugar días antes para acondicionar la pista clandestina.
Cuando el avión aterrizó, ya estaban siendo vigilados.
La maniobra derivó en una fuga desesperada por rutas de la región. Dos camionetas terminaron incendiadas y un Volkswagen Gol Trend logró escapar inicialmente. En medio de esa persecución, el cabo Pablo Miranda intentó detener una de las camionetas y fue atropellado violentamente.
El gendarme continúa internado en terapia intensiva en Rosario.
Por ese episodio, Santiago Borras quedó imputado también por tentativa de homicidio, además del contrabando de cocaína.
La investigación sostiene que la organización no improvisaba. Había relevamientos previos, combustible preparado, vehículos listos para la descarga y una logística aceitada para mover la droga apenas tocaba suelo santafesino.
Sin embargo, la acumulación de descuidos terminó dejando demasiadas huellas.
El celular olvidado en Arequito, los movimientos detectados por antenas, las cámaras comunales y hasta la actividad de vehículos registrados a nombre de los propios sospechosos fueron piezas que terminaron encajando.
Tras permanecer prófugos durante horas, Santiago y Juan Cruz Borras finalmente fueron detenidos en Funes. Junto a ellos quedaron imputados Agustín Subiela, señalado como apoyo logístico, y dos ciudadanos bolivianos acusados de pilotear la aeronave utilizada para transportar la droga.
Ahora, la Justicia intenta determinar cuál era el verdadero alcance de la estructura y si existen conexiones con otras organizaciones criminales de Rosario y la región.
Para los investigadores, el expediente recién empieza.
La caída de la banda comenzó a construirse mucho antes del operativo que terminó con 321 kilos de cocaína secuestrados en Villa Eloísa. Y lo que terminó derrumbando el esquema no fue una gran infiltración ni un operativo cinematográfico: fue una sucesión de errores.
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A partir de allí, comenzaron meses de seguimientos silenciosos, análisis de cámaras, rastreo de vehículos y geolocalizaciones telefónicas.
Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores fue Santiago Borras. El hombre debía permanecer en su vivienda de Roldán cumpliendo prisión domiciliaria por una condena previa relacionada con el transporte de marihuana. Sin embargo, los registros de su teléfono mostraban algo completamente distinto: viajes frecuentes a zonas rurales y movimientos compatibles con tareas de coordinación en pistas clandestinas.
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