CAÍDA
FUERTE RETROCESO: CAEN LOS EMPLEOS FORMALES Y YA SE PERDIERON MÁS DE 200 MIL PUESTOS
17 de abril de 2026 07:29
Un informe nacional advierte una caída extendida del trabajo registrado en casi todo el país. El impacto alcanza a 22 provincias.
Desde la asunción de Javier Milei, el empleo formal en Argentina muestra una caída sostenida que ya se traduce en la pérdida de 206.262 puestos de trabajo registrados. El dato surge de un relevamiento que analiza la evolución del mercado laboral desde el último tramo de 2023 hasta la actualidad.
El retroceso no es aislado ni focalizado: alcanza a 22 provincias y refleja una contracción generalizada del empleo en relación de dependencia, con apenas dos distritos que lograron mostrar una leve creación de puestos en el mismo período.
El fenómeno se inscribe en un contexto económico marcado por el ajuste fiscal, la caída del consumo y la paralización de la obra pública, factores que impactaron de manera directa en sectores clave de la economía. La industria y la construcción aparecen entre los más afectados, junto con actividades vinculadas al comercio y a los servicios privados.
En muchas jurisdicciones, el deterioro no se dio de forma puntual, sino que se consolidó a lo largo de varios meses consecutivos, configurando una tendencia descendente en el empleo registrado. Este comportamiento refuerza la idea de un cambio estructural en el mercado laboral más que de una fluctuación coyuntural.
Las provincias con mayor perfil industrial o fuerte dependencia de la inversión pública nacional figuran entre las más golpeadas. En esos casos, la interrupción de proyectos y la retracción de la actividad generaron un efecto inmediato sobre el empleo. A su vez, los distritos con menor diversificación productiva tuvieron menos herramientas para amortiguar el impacto.
En contraste, las pocas jurisdicciones que lograron sostener o incrementar levemente el empleo lo hicieron apoyadas en sectores específicos, como ciertas ramas de servicios o economías regionales con demanda externa. Sin embargo, estos casos no alcanzan a revertir el balance general negativo.
El informe también pone el foco en un cambio en la composición del trabajo. Mientras caen los puestos registrados, crecen las formas de inserción más flexibles o precarias, como el trabajo independiente, el monotributo y el empleo no registrado. Esta transición implica una reducción en los niveles de protección social para amplios sectores.
En paralelo, los salarios reales muestran una tendencia a la baja, lo que profundiza el impacto sobre el poder adquisitivo y el consumo interno. La combinación de menos empleo formal y menores ingresos configura un escenario complejo para el entramado productivo.
Especialistas en relaciones laborales advierten que, incluso en un escenario de recuperación económica, la recomposición del empleo registrado podría ser más lenta que la reactivación de la actividad. Esto se debe a que muchas empresas optan por esquemas de contratación más flexibles o postergan nuevas incorporaciones.
Además del impacto directo sobre los trabajadores, la caída del empleo formal tiene efectos sobre las cuentas públicas. Menos puestos registrados implican una menor recaudación por aportes y contribuciones, lo que puede tensionar el financiamiento del sistema previsional y de la seguridad social en el mediano plazo.
Frente a este escenario, el informe plantea que la evolución del mercado laboral dependerá en gran medida de la capacidad de la economía para sostener un crecimiento continuo y de la implementación de políticas que incentiven la formalización del empleo.
Mientras tanto, la tendencia actual muestra un mercado laboral en proceso de reconfiguración, con brechas crecientes entre regiones y sectores, y con un peso cada vez mayor de formas de trabajo menos estables.
Desde la asunción de Javier Milei, el empleo formal en Argentina muestra una caída sostenida que ya se traduce en la pérdida de 206.262 puestos de trabajo registrados. El dato surge de un relevamiento que analiza la evolución del mercado laboral desde el último tramo de 2023 hasta la actualidad.
El retroceso no es aislado ni focalizado: alcanza a 22 provincias y refleja una contracción generalizada del empleo en relación de dependencia, con apenas dos distritos que lograron mostrar una leve creación de puestos en el mismo período.
El fenómeno se inscribe en un contexto económico marcado por el ajuste fiscal, la caída del consumo y la paralización de la obra pública, factores que impactaron de manera directa en sectores clave de la economía. La industria y la construcción aparecen entre los más afectados, junto con actividades vinculadas al comercio y a los servicios privados.
En muchas jurisdicciones, el deterioro no se dio de forma puntual, sino que se consolidó a lo largo de varios meses consecutivos, configurando una tendencia descendente en el empleo registrado. Este comportamiento refuerza la idea de un cambio estructural en el mercado laboral más que de una fluctuación coyuntural.
Las provincias con mayor perfil industrial o fuerte dependencia de la inversión pública nacional figuran entre las más golpeadas. En esos casos, la interrupción de proyectos y la retracción de la actividad generaron un efecto inmediato sobre el empleo. A su vez, los distritos con menor diversificación productiva tuvieron menos herramientas para amortiguar el impacto.
En contraste, las pocas jurisdicciones que lograron sostener o incrementar levemente el empleo lo hicieron apoyadas en sectores específicos, como ciertas ramas de servicios o economías regionales con demanda externa. Sin embargo, estos casos no alcanzan a revertir el balance general negativo.
El informe también pone el foco en un cambio en la composición del trabajo. Mientras caen los puestos registrados, crecen las formas de inserción más flexibles o precarias, como el trabajo independiente, el monotributo y el empleo no registrado. Esta transición implica una reducción en los niveles de protección social para amplios sectores.
En paralelo, los salarios reales muestran una tendencia a la baja, lo que profundiza el impacto sobre el poder adquisitivo y el consumo interno. La combinación de menos empleo formal y menores ingresos configura un escenario complejo para el entramado productivo.
Especialistas en relaciones laborales advierten que, incluso en un escenario de recuperación económica, la recomposición del empleo registrado podría ser más lenta que la reactivación de la actividad. Esto se debe a que muchas empresas optan por esquemas de contratación más flexibles o postergan nuevas incorporaciones.
Además del impacto directo sobre los trabajadores, la caída del empleo formal tiene efectos sobre las cuentas públicas. Menos puestos registrados implican una menor recaudación por aportes y contribuciones, lo que puede tensionar el financiamiento del sistema previsional y de la seguridad social en el mediano plazo.
Frente a este escenario, el informe plantea que la evolución del mercado laboral dependerá en gran medida de la capacidad de la economía para sostener un crecimiento continuo y de la implementación de políticas que incentiven la formalización del empleo.
Mientras tanto, la tendencia actual muestra un mercado laboral en proceso de reconfiguración, con brechas crecientes entre regiones y sectores, y con un peso cada vez mayor de formas de trabajo menos estables.
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