ALTERADO
ALERTA POR EL NIÑO: ADVIERTEN LLUVIAS EXTREMAS, CALOR INTENSO Y POSIBLES INUNDACIONES
21 de abril de 2026 09:07
El aumento de la temperatura en el océano Pacífico encendió alertas a nivel global y abre la posibilidad de un nuevo evento de El Niño con impacto directo en Argentina, donde especialistas advierten por lluvias extremas, olas de calor más prolongadas y efectos sobre la economía.
El fenómeno, que ya es monitoreado por organismos internacionales, podría comenzar a manifestarse con mayor claridad en los próximos meses. Aunque todavía no hay consenso sobre si alcanzará la categoría de “Súper El Niño”, los indicadores actuales marcan un escenario de riesgo creciente.
El Niño es un evento climático que altera la circulación atmosférica a escala planetaria. Se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, modificando los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. Según estimaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, existe un 61% de probabilidad de que el fenómeno se desarrolle, aunque solo un 25% de que alcance una intensidad fuerte.
A pesar de esas cifras, algunos especialistas no descartan escenarios más extremos. El climatólogo Paul Roundy advirtió que existe la posibilidad de que se configure uno de los eventos más intensos en más de un siglo, lo que elevaría significativamente los impactos globales.
En Argentina, las consecuencias podrían comenzar a sentirse desde la primavera de 2026. El meteorólogo Mauricio Saldivar anticipa un incremento marcado de las precipitaciones en el noreste del país, con acumulados superiores a los valores normales. Durante el verano 2026-2027, ese patrón húmedo podría extenderse hacia provincias como Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el norte de Buenos Aires.
El aumento de las lluvias no solo implica alivio en zonas con sequía, sino también riesgos concretos. Las regiones con suelos saturados podrían enfrentar inundaciones, especialmente si coinciden con crecidas de ríos como el Paraná o el Uruguay. Este tipo de combinación ya provocó crisis hídricas en eventos anteriores, con evacuaciones masivas y pérdidas millonarias.
Las ciudades ribereñas aparecen entre las más vulnerables. El crecimiento del caudal de los ríos, sumado a precipitaciones intensas en cortos períodos, suele generar desbordes que afectan tanto a zonas urbanas como rurales. En paralelo, se espera un aumento en la frecuencia de tormentas severas.
Otro de los ejes de preocupación es el calor. La presencia de El Niño suele potenciar las olas de altas temperaturas, haciéndolas más extensas y persistentes. En un contexto global donde los registros térmicos vienen en ascenso sostenido, ese efecto podría intensificarse aún más.
Los últimos años marcaron récords de temperatura a nivel mundial, lo que cambia la base sobre la que actúan estos fenómenos. Incluso eventos moderados pueden generar impactos más severos que en décadas anteriores. Datos del programa europeo Copernicus indican que marzo de 2026 fue uno de los meses más cálidos registrados, con niveles cercanos a 1,5 °C por encima de la era preindustrial.
El impacto no se limita al clima. En Argentina, donde el sector agropecuario tiene un peso determinante en la economía, cualquier variación en las lluvias o temperaturas incide directamente en la producción, los precios y el ingreso de divisas. Las campañas agrícolas dependen en gran medida de estas condiciones, por lo que un evento intenso puede alterar toda la dinámica del sector.
En ese escenario, la preparación aparece como un factor clave. Especialistas remarcan la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana, así como de anticipar medidas de mitigación tanto en el ámbito urbano como rural.
Aunque aún resta atravesar los próximos meses para confirmar la magnitud del fenómeno, el escenario ya está planteado: un posible El Niño en desarrollo, con capacidad de alterar el clima, la economía y la vida cotidiana en distintas regiones del país.
El fenómeno, que ya es monitoreado por organismos internacionales, podría comenzar a manifestarse con mayor claridad en los próximos meses. Aunque todavía no hay consenso sobre si alcanzará la categoría de “Súper El Niño”, los indicadores actuales marcan un escenario de riesgo creciente.
El Niño es un evento climático que altera la circulación atmosférica a escala planetaria. Se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, modificando los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. Según estimaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, existe un 61% de probabilidad de que el fenómeno se desarrolle, aunque solo un 25% de que alcance una intensidad fuerte.
A pesar de esas cifras, algunos especialistas no descartan escenarios más extremos. El climatólogo Paul Roundy advirtió que existe la posibilidad de que se configure uno de los eventos más intensos en más de un siglo, lo que elevaría significativamente los impactos globales.
En Argentina, las consecuencias podrían comenzar a sentirse desde la primavera de 2026. El meteorólogo Mauricio Saldivar anticipa un incremento marcado de las precipitaciones en el noreste del país, con acumulados superiores a los valores normales. Durante el verano 2026-2027, ese patrón húmedo podría extenderse hacia provincias como Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y el norte de Buenos Aires.
El aumento de las lluvias no solo implica alivio en zonas con sequía, sino también riesgos concretos. Las regiones con suelos saturados podrían enfrentar inundaciones, especialmente si coinciden con crecidas de ríos como el Paraná o el Uruguay. Este tipo de combinación ya provocó crisis hídricas en eventos anteriores, con evacuaciones masivas y pérdidas millonarias.
Las ciudades ribereñas aparecen entre las más vulnerables. El crecimiento del caudal de los ríos, sumado a precipitaciones intensas en cortos períodos, suele generar desbordes que afectan tanto a zonas urbanas como rurales. En paralelo, se espera un aumento en la frecuencia de tormentas severas.
Otro de los ejes de preocupación es el calor. La presencia de El Niño suele potenciar las olas de altas temperaturas, haciéndolas más extensas y persistentes. En un contexto global donde los registros térmicos vienen en ascenso sostenido, ese efecto podría intensificarse aún más.
Los últimos años marcaron récords de temperatura a nivel mundial, lo que cambia la base sobre la que actúan estos fenómenos. Incluso eventos moderados pueden generar impactos más severos que en décadas anteriores. Datos del programa europeo Copernicus indican que marzo de 2026 fue uno de los meses más cálidos registrados, con niveles cercanos a 1,5 °C por encima de la era preindustrial.
El impacto no se limita al clima. En Argentina, donde el sector agropecuario tiene un peso determinante en la economía, cualquier variación en las lluvias o temperaturas incide directamente en la producción, los precios y el ingreso de divisas. Las campañas agrícolas dependen en gran medida de estas condiciones, por lo que un evento intenso puede alterar toda la dinámica del sector.
En ese escenario, la preparación aparece como un factor clave. Especialistas remarcan la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo y alerta temprana, así como de anticipar medidas de mitigación tanto en el ámbito urbano como rural.
Aunque aún resta atravesar los próximos meses para confirmar la magnitud del fenómeno, el escenario ya está planteado: un posible El Niño en desarrollo, con capacidad de alterar el clima, la economía y la vida cotidiana en distintas regiones del país.
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