PILOTO
MENOS RESIDUOS, MÁS ÁRBOLES: “MI BARRIO COMPOSTA”, EL PROGRAMA PILOTO QUE ESTIMA REDUCIR COSTOS
12 de septiembre de 2026 10:19
Mi Barrio Composta: el desafío de llevar una buena idea a escala de ciudad
El programa piloto de compostaje domiciliario que alcanza a 35 familias de Roldán plantea una alternativa interesante para reducir residuos y costos. Pero el verdadero desafío será demostrar cuánto puede crecer y qué impacto puede tener sobre el sistema de gestión de residuos de toda la ciudad.
“Mi Barrio Composta” comenzó como una experiencia piloto impulsada por la Municipalidad de Roldán junto al Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la Provincia de Santa Fe. Actualmente participan 35 familias, que representan a 116 vecinos.
Según los datos difundidos por el Municipio, durante junio el costo de la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) correspondiente al barrio alcanzó los $1.044.000 mensuales. A partir del compostaje domiciliario, se estima una reducción cercana al 50%, equivalente a unos $500.000.
Ese monto, de acuerdo con la información oficial, fue destinado a la plantación de diez lapachos en el propio barrio, incluyendo tutores, elementos de protección y mano de obra.
La iniciativa tiene una lógica interesante: si una parte de los residuos orgánicos puede ser tratada en el propio domicilio, deja de ingresar al circuito municipal de recolección y gestión. Y si eso genera un costo evitado, esos recursos pueden volver al barrio en forma de mejoras ambientales.
Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿qué pasa si el proyecto funciona y deja de involucrar a 35 familias para alcanzar a cientos o miles de hogares?
Ahí empieza el verdadero desafío.
De un piloto a una política pública
Treinta y cinco familias pueden servir para probar una idea. Pero difícilmente una experiencia de esa escala pueda modificar por sí sola el sistema de residuos de una ciudad.
Para saber si el modelo puede crecer, será necesario medir mucho más que la cantidad de familias participantes.
¿Cuántos kilos de residuos orgánicos compostan efectivamente? ¿Cuánto material deja de ingresar al sistema municipal? ¿Cuál es el costo real que se evita? ¿Cuánto cuesta incorporar y acompañar a cada nuevo hogar?
Esos datos permitirían comprobar si el ahorro estimado se mantiene cuando el programa aumenta de escala.
Y hay una cuestión particularmente importante: el porcentaje del 50% informado para el barrio debería estar respaldado por una metodología clara. No necesariamente una reducción del volumen de residuos implica una reducción equivalente del gasto GIRSU, ya que el sistema puede incluir costos que no disminuyen proporcionalmente con la cantidad de residuos recolectados.
Por eso, el próximo paso no debería ser solamente sumar composteras, sino generar información que permita saber qué tan eficiente es realmente el modelo.
El compostaje puede ser algo más que ahorro
El mayor potencial de “Mi Barrio Composta” quizás no esté solamente en los $500.000 estimados.
El compostaje puede ser la puerta de entrada a una política más amplia de separación y valorización de residuos.
Los residuos orgánicos pueden tener un tratamiento específico; los materiales reciclables, otro; y solamente el rechazo debería continuar necesariamente por el circuito convencional.
A su vez, el modelo podría extenderse a otros sectores: grandes generadores de residuos orgánicos, instituciones, clubes, escuelas, comercios y también residuos verdes provenientes de hojas, pasto y poda.
Incluso podrían analizarse alternativas de compostaje comunitario para vecinos que no cuentan con espacio suficiente para hacerlo en sus hogares.
En ese escenario, el objetivo deja de ser simplemente “compostar en casa” y pasa a ser gestionar de otra manera una parte de los residuos que genera la ciudad.
Primero medir, después escalar
Para tomar decisiones de mayor alcance, Roldán también necesitaría conocer con precisión qué tipo de residuos genera.
Un estudio de caracterización permitiría determinar cuánto representan los residuos orgánicos dentro del total y compararlos con otros materiales que también podrían recuperarse.
Con esa información sería posible evaluar distintas estrategias y determinar cuál ofrece mejores resultados en relación con la inversión necesaria.
Porque una política ambiental también debe hacerse una pregunta económica: ¿cuánto cuesta generar cada peso de ahorro?
Si incorporar una familia al programa requiere una inversión mayor al costo que se evita, el modelo necesita ser revisado. Si, por el contrario, la inversión inicial es relativamente baja y el beneficio aumenta a medida que se suman hogares, el compostaje domiciliario puede convertirse en una herramienta de gestión muy interesante.
La verdadera prueba recién comienza
“Mi Barrio Composta” tiene algo valioso: convierte una cuestión ambiental en un resultado concreto para los vecinos. En este caso, residuos que dejan de ingresar al sistema y recursos que vuelven al barrio mediante la plantación de árboles.
Pero los $500.000 estimados no deberían ser el punto final del proyecto, sino el comienzo de una medición más ambiciosa.
La verdadera pregunta es cuánto podría representar este modelo si pasara de 35 familias a 350, 1.000 o varios miles de hogares.
El éxito del programa no estará solamente en cuántas personas compostan, sino en demostrar cuánto residuo se evita, cuánto cuesta hacerlo, cuánto dinero se puede ahorrar y si esos resultados pueden sostenerse cuando la experiencia deje de ser un piloto y pase a convertirse en una política para toda la ciudad.
Ahí es donde una buena iniciativa ambiental puede transformarse en algo mucho más importante: una nueva manera de gestionar los residuos de Roldán.
El programa piloto de compostaje domiciliario que alcanza a 35 familias de Roldán plantea una alternativa interesante para reducir residuos y costos. Pero el verdadero desafío será demostrar cuánto puede crecer y qué impacto puede tener sobre el sistema de gestión de residuos de toda la ciudad.
“Mi Barrio Composta” comenzó como una experiencia piloto impulsada por la Municipalidad de Roldán junto al Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de la Provincia de Santa Fe. Actualmente participan 35 familias, que representan a 116 vecinos.
Según los datos difundidos por el Municipio, durante junio el costo de la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) correspondiente al barrio alcanzó los $1.044.000 mensuales. A partir del compostaje domiciliario, se estima una reducción cercana al 50%, equivalente a unos $500.000.
Ese monto, de acuerdo con la información oficial, fue destinado a la plantación de diez lapachos en el propio barrio, incluyendo tutores, elementos de protección y mano de obra.
La iniciativa tiene una lógica interesante: si una parte de los residuos orgánicos puede ser tratada en el propio domicilio, deja de ingresar al circuito municipal de recolección y gestión. Y si eso genera un costo evitado, esos recursos pueden volver al barrio en forma de mejoras ambientales.
Pero hay una pregunta que resulta inevitable: ¿qué pasa si el proyecto funciona y deja de involucrar a 35 familias para alcanzar a cientos o miles de hogares?
Ahí empieza el verdadero desafío.
De un piloto a una política pública
Treinta y cinco familias pueden servir para probar una idea. Pero difícilmente una experiencia de esa escala pueda modificar por sí sola el sistema de residuos de una ciudad.
Para saber si el modelo puede crecer, será necesario medir mucho más que la cantidad de familias participantes.
¿Cuántos kilos de residuos orgánicos compostan efectivamente? ¿Cuánto material deja de ingresar al sistema municipal? ¿Cuál es el costo real que se evita? ¿Cuánto cuesta incorporar y acompañar a cada nuevo hogar?
Esos datos permitirían comprobar si el ahorro estimado se mantiene cuando el programa aumenta de escala.
Y hay una cuestión particularmente importante: el porcentaje del 50% informado para el barrio debería estar respaldado por una metodología clara. No necesariamente una reducción del volumen de residuos implica una reducción equivalente del gasto GIRSU, ya que el sistema puede incluir costos que no disminuyen proporcionalmente con la cantidad de residuos recolectados.
Por eso, el próximo paso no debería ser solamente sumar composteras, sino generar información que permita saber qué tan eficiente es realmente el modelo.
El compostaje puede ser algo más que ahorro
El mayor potencial de “Mi Barrio Composta” quizás no esté solamente en los $500.000 estimados.
El compostaje puede ser la puerta de entrada a una política más amplia de separación y valorización de residuos.
Los residuos orgánicos pueden tener un tratamiento específico; los materiales reciclables, otro; y solamente el rechazo debería continuar necesariamente por el circuito convencional.
A su vez, el modelo podría extenderse a otros sectores: grandes generadores de residuos orgánicos, instituciones, clubes, escuelas, comercios y también residuos verdes provenientes de hojas, pasto y poda.
Incluso podrían analizarse alternativas de compostaje comunitario para vecinos que no cuentan con espacio suficiente para hacerlo en sus hogares.
En ese escenario, el objetivo deja de ser simplemente “compostar en casa” y pasa a ser gestionar de otra manera una parte de los residuos que genera la ciudad.
Primero medir, después escalar
Para tomar decisiones de mayor alcance, Roldán también necesitaría conocer con precisión qué tipo de residuos genera.
Un estudio de caracterización permitiría determinar cuánto representan los residuos orgánicos dentro del total y compararlos con otros materiales que también podrían recuperarse.
Con esa información sería posible evaluar distintas estrategias y determinar cuál ofrece mejores resultados en relación con la inversión necesaria.
Porque una política ambiental también debe hacerse una pregunta económica: ¿cuánto cuesta generar cada peso de ahorro?
Si incorporar una familia al programa requiere una inversión mayor al costo que se evita, el modelo necesita ser revisado. Si, por el contrario, la inversión inicial es relativamente baja y el beneficio aumenta a medida que se suman hogares, el compostaje domiciliario puede convertirse en una herramienta de gestión muy interesante.
La verdadera prueba recién comienza
“Mi Barrio Composta” tiene algo valioso: convierte una cuestión ambiental en un resultado concreto para los vecinos. En este caso, residuos que dejan de ingresar al sistema y recursos que vuelven al barrio mediante la plantación de árboles.
Pero los $500.000 estimados no deberían ser el punto final del proyecto, sino el comienzo de una medición más ambiciosa.
La verdadera pregunta es cuánto podría representar este modelo si pasara de 35 familias a 350, 1.000 o varios miles de hogares.
El éxito del programa no estará solamente en cuántas personas compostan, sino en demostrar cuánto residuo se evita, cuánto cuesta hacerlo, cuánto dinero se puede ahorrar y si esos resultados pueden sostenerse cuando la experiencia deje de ser un piloto y pase a convertirse en una política para toda la ciudad.
Ahí es donde una buena iniciativa ambiental puede transformarse en algo mucho más importante: una nueva manera de gestionar los residuos de Roldán.
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