"PERPETUA"
COMENZÓ EL JUICIO POR EL CRIMEN DEL GENDARME ELORRIETA EN ROLDÁN
07 de diciembre de 2025 09:37
El juicio por el homicidio del gendarme Gustavo Elorrieta comenzó este viernes en el Centro de Justicia Penal, donde tres personas enfrentan cargos por un crimen ocurrido en julio de 2022 en Roldán. La expareja del agente, Mercedes Encina Flores, y dos jóvenes cercanos al entorno familiar, Mario Faetani y Alex Galarza, son juzgados por homicidio doloso cuádruplemente calificado, con un pedido de prisión perpetua por parte de la fiscal Carla Ranciari. El proceso se desarrolla ante un tribunal integrado por las juezas Natalia Benvenuto, María de los Ángeles Granato y Hebe Marcogliese.
La acusación sostiene que el crimen fue planificado durante semanas y ejecutado en la vivienda de la familia, ubicada en Larrea al 1200. La investigación describió un hecho motivado por conflictos personales y económicos, en el que también participó el hijo adolescente de Elorrieta, cuyo caso fue tramitado en el fuero de menores y finalizó con una condena a prisión perpetua.
Elorrieta, de 42 años, integró la Sección de Investigación Antidrogas Rosario (Seinaros) y, antes del hecho, residía temporalmente en Buenos Aires mientras cursaba capacitaciones para su ascenso. En abril de 2022 había iniciado una nueva relación afectiva, situación que derivó en su decisión de separarse de Mercedes Encina. Según la acusación, ese fue el punto de partida de las reuniones en las que se delineó el plan para atacar al gendarme durante una visita programada a Roldán.
La fiscalía detalló que el 10 de julio, cerca de las 21.30, Elorrieta llegó desde Buenos Aires a bordo de su Volkswagen Bora. Entre las 23.30 y la madrugada del 12 de julio, los acusados habrían inmovilizado al agente mediante la aplicación de un fármaco, presuntamente ketamina, y luego lo golpearon con una maza, provocándole al menos cuatro lesiones craneales mortales. Posteriormente, cubrieron el cuerpo con film, lo ataron, lo envolvieron en una frazada y lo cargaron en el baúl del Bora junto a otros elementos vinculados al ataque.
Los imputados también habrían reunido objetos con restos de sangre, jeringas, ropa y trapos utilizados durante la limpieza de la escena. Todo fue colocado en el vehículo con el propósito de descartarlo lejos de la vivienda. Para el traslado del cuerpo, tres de los acusados solicitaron la colaboración de un joven de 17 años —identificado como Luciano—, quien actuó como conductor y declaró no haber conocido el plan previo. Su testimonio es considerado clave.
El grupo se dirigió hacia un monte en la zona rural cercana al camino Dorrego y Camino de los Gauchos, donde arrojaron el cuerpo al interior de un aljibe seco y lo cubrieron con tierra y ramas. En el trayecto de regreso, el conductor perdió el control del Bora y lo dejó abandonado. Al ser encontrado, el vehículo contenía guantes de látex, una maza, toallones ensangrentados, una lona y ropa del gendarme, lo que permitió orientar la investigación.
La causa también detalla movimientos posteriores vinculados a la eliminación de evidencia. Mercedes Encina contrató un remise para trasladarse a distintos puntos de Rosario y Roldán con el fin de descartar objetos relacionados al hecho. Además, la fiscalía les atribuye haber utilizado la identidad de la víctima para realizar extracciones bancarias, gestionar préstamos y adquirir bienes mediante plataformas digitales.
El expediente incluye evidencia material recolectada en allanamientos, análisis de luminol en varias habitaciones y en el baúl del vehículo, así como testimonios de allegados a Galarza y Faetani que describieron cambios de conducta, comentarios previos sobre “limpiar una casa” y referencias a la intención de participar en un “trabajo” del que se hablaba en tono ambiguo. Otra testigo mencionó conversaciones vinculadas a conflictos familiares y creencias asociadas a prácticas esotéricas.
La reconstrucción se completó con la intervención de familiares del gendarme, quienes impulsaron la búsqueda desde los primeros días de su desaparición. Tras el hallazgo del cuerpo y la consolidación de la evidencia, la fiscalía elevó la acusación que ahora enfrenta debate oral. El juicio avanzará en las próximas jornadas con declaraciones, presentación de pruebas y análisis técnico de los elementos secuestrados.
La acusación sostiene que el crimen fue planificado durante semanas y ejecutado en la vivienda de la familia, ubicada en Larrea al 1200. La investigación describió un hecho motivado por conflictos personales y económicos, en el que también participó el hijo adolescente de Elorrieta, cuyo caso fue tramitado en el fuero de menores y finalizó con una condena a prisión perpetua.
Elorrieta, de 42 años, integró la Sección de Investigación Antidrogas Rosario (Seinaros) y, antes del hecho, residía temporalmente en Buenos Aires mientras cursaba capacitaciones para su ascenso. En abril de 2022 había iniciado una nueva relación afectiva, situación que derivó en su decisión de separarse de Mercedes Encina. Según la acusación, ese fue el punto de partida de las reuniones en las que se delineó el plan para atacar al gendarme durante una visita programada a Roldán.
La fiscalía detalló que el 10 de julio, cerca de las 21.30, Elorrieta llegó desde Buenos Aires a bordo de su Volkswagen Bora. Entre las 23.30 y la madrugada del 12 de julio, los acusados habrían inmovilizado al agente mediante la aplicación de un fármaco, presuntamente ketamina, y luego lo golpearon con una maza, provocándole al menos cuatro lesiones craneales mortales. Posteriormente, cubrieron el cuerpo con film, lo ataron, lo envolvieron en una frazada y lo cargaron en el baúl del Bora junto a otros elementos vinculados al ataque.
Los imputados también habrían reunido objetos con restos de sangre, jeringas, ropa y trapos utilizados durante la limpieza de la escena. Todo fue colocado en el vehículo con el propósito de descartarlo lejos de la vivienda. Para el traslado del cuerpo, tres de los acusados solicitaron la colaboración de un joven de 17 años —identificado como Luciano—, quien actuó como conductor y declaró no haber conocido el plan previo. Su testimonio es considerado clave.
El grupo se dirigió hacia un monte en la zona rural cercana al camino Dorrego y Camino de los Gauchos, donde arrojaron el cuerpo al interior de un aljibe seco y lo cubrieron con tierra y ramas. En el trayecto de regreso, el conductor perdió el control del Bora y lo dejó abandonado. Al ser encontrado, el vehículo contenía guantes de látex, una maza, toallones ensangrentados, una lona y ropa del gendarme, lo que permitió orientar la investigación.
La causa también detalla movimientos posteriores vinculados a la eliminación de evidencia. Mercedes Encina contrató un remise para trasladarse a distintos puntos de Rosario y Roldán con el fin de descartar objetos relacionados al hecho. Además, la fiscalía les atribuye haber utilizado la identidad de la víctima para realizar extracciones bancarias, gestionar préstamos y adquirir bienes mediante plataformas digitales.
El expediente incluye evidencia material recolectada en allanamientos, análisis de luminol en varias habitaciones y en el baúl del vehículo, así como testimonios de allegados a Galarza y Faetani que describieron cambios de conducta, comentarios previos sobre “limpiar una casa” y referencias a la intención de participar en un “trabajo” del que se hablaba en tono ambiguo. Otra testigo mencionó conversaciones vinculadas a conflictos familiares y creencias asociadas a prácticas esotéricas.
La reconstrucción se completó con la intervención de familiares del gendarme, quienes impulsaron la búsqueda desde los primeros días de su desaparición. Tras el hallazgo del cuerpo y la consolidación de la evidencia, la fiscalía elevó la acusación que ahora enfrenta debate oral. El juicio avanzará en las próximas jornadas con declaraciones, presentación de pruebas y análisis técnico de los elementos secuestrados.
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