EN CAIDA
EL SALARIO MÍNIMO SE DERRUMBÓ: YA PERDIÓ 38% Y RINDE MENOS QUE EN 2001
03 de abril de 2026 12:37
El salario mínimo en Argentina perdió cerca de un 38% de su poder de compra desde noviembre de 2023 y hoy se ubica por debajo de los niveles registrados en 2001, según un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA que analiza la evolución real de los ingresos.
El dato central del estudio marca un deterioro acelerado en los últimos meses. Medido en términos reales —es decir, descontando el impacto de la inflación— el ingreso mínimo muestra una caída profunda que lo posiciona entre los más bajos de las últimas décadas.
El análisis toma como punto de comparación distintos momentos económicos del país y concluye que el nivel actual quedó por debajo incluso de uno de los períodos más críticos de la historia reciente. En ese marco, los economistas advierten que el salario perdió capacidad de compra a un ritmo más veloz que en otras etapas.
El informe ubica el inicio de esta caída más pronunciada en el comienzo de la gestión de Javier Milei. Desde entonces, la suba de precios avanzó por encima de las actualizaciones del salario mínimo, generando una brecha que impacta directamente en los ingresos de los trabajadores que dependen de ese piso salarial.
En paralelo, el trabajo incorpora otro indicador que refuerza el escenario: el empleo formal acumula ocho meses consecutivos de retroceso. La disminución de puestos registrados se observa tanto en el sector privado como en algunas áreas del sector público.
Esta tendencia se vincula con una combinación de factores económicos, entre ellos la caída de la actividad, la retracción del consumo y la postergación de inversiones. En ese contexto, el mercado laboral muestra señales de fragilidad que se trasladan a los ingresos de los hogares.
La combinación de ambos fenómenos —menor poder adquisitivo y menos empleo formal— genera un efecto directo en la vida cotidiana. Los trabajadores que perciben ingresos cercanos al salario mínimo destinan una porción cada vez mayor de su dinero a cubrir gastos básicos.
Este cambio en la estructura del gasto impacta también en la economía en general. La reducción del consumo interno repercute en comercios, pymes y prestadores de servicios, que enfrentan una menor demanda y ajustan su funcionamiento en consecuencia.
El informe también advierte sobre efectos indirectos del retroceso del empleo registrado. La caída en los aportes a la seguridad social, el crecimiento de la informalidad y la mayor incertidumbre laboral aparecen como consecuencias asociadas a este proceso.
En este escenario, la evolución del salario mínimo y del empleo formal se consolida como una de las variables clave para entender el rumbo económico y social en los próximos meses.
El dato central del estudio marca un deterioro acelerado en los últimos meses. Medido en términos reales —es decir, descontando el impacto de la inflación— el ingreso mínimo muestra una caída profunda que lo posiciona entre los más bajos de las últimas décadas.
El análisis toma como punto de comparación distintos momentos económicos del país y concluye que el nivel actual quedó por debajo incluso de uno de los períodos más críticos de la historia reciente. En ese marco, los economistas advierten que el salario perdió capacidad de compra a un ritmo más veloz que en otras etapas.
El informe ubica el inicio de esta caída más pronunciada en el comienzo de la gestión de Javier Milei. Desde entonces, la suba de precios avanzó por encima de las actualizaciones del salario mínimo, generando una brecha que impacta directamente en los ingresos de los trabajadores que dependen de ese piso salarial.
En paralelo, el trabajo incorpora otro indicador que refuerza el escenario: el empleo formal acumula ocho meses consecutivos de retroceso. La disminución de puestos registrados se observa tanto en el sector privado como en algunas áreas del sector público.
Esta tendencia se vincula con una combinación de factores económicos, entre ellos la caída de la actividad, la retracción del consumo y la postergación de inversiones. En ese contexto, el mercado laboral muestra señales de fragilidad que se trasladan a los ingresos de los hogares.
La combinación de ambos fenómenos —menor poder adquisitivo y menos empleo formal— genera un efecto directo en la vida cotidiana. Los trabajadores que perciben ingresos cercanos al salario mínimo destinan una porción cada vez mayor de su dinero a cubrir gastos básicos.
Este cambio en la estructura del gasto impacta también en la economía en general. La reducción del consumo interno repercute en comercios, pymes y prestadores de servicios, que enfrentan una menor demanda y ajustan su funcionamiento en consecuencia.
El informe también advierte sobre efectos indirectos del retroceso del empleo registrado. La caída en los aportes a la seguridad social, el crecimiento de la informalidad y la mayor incertidumbre laboral aparecen como consecuencias asociadas a este proceso.
En este escenario, la evolución del salario mínimo y del empleo formal se consolida como una de las variables clave para entender el rumbo económico y social en los próximos meses.
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